domingo, 13 de enero de 2013

libertad espiritual en la carta a los colosenses

la libertad espiritual es una de las banderas de la predicación de Pablo de Tarso, y el punto principal de su mensaje era que los gentiles no tienen necesidad de circuncidarse al igual que los judíos (1Cor 3,2), de hecho una buena parte de sus enseñanzas es un énfasis a los gentiles para que comprendan que su salvación no depende de copiar los rituales judíos; sino que tanto judíos como gentiles, son salvos por gracia Divina (la gracia Divina se suscita por medio de la Fe=fidelidad). La carta a los colosenses fue escrita desde Roma, año 60 - 64 d.C, y posee como meta contrarrestar errores doctrinales que surgían de la mezcla de la enseñanza del judaísmo con la especulación oriental y filosófica. Estas "herejías" tendían a oscurecer la gloria divina de Cristo. La información que actualmente poseemos de la ciudad de Colosas es escasa. Sabemos que se alzaba sobre las márgenes del río Lico, afluente del Meandro, a unos 175 km. al este de Éfeso; y que, desde el punto de vista administrativo, pertenecía a la provincia romana de Asia. Hubo una época en que gozó de cierto prestigio comercial, pero a partir del año 61 d.C., después de un violento terremoto, entró en tal proceso de decadencia que pronto llegó a su casi total desaparición. La mayoría de los miembros de ésta Iglesia eran de ascendencia gentil o pagana con respecto a los judíos. Esquema del contenido de la presente epístola es el siguiente: Prólogo (1.1–8) 1. La obra salvadora de Dios (1.9–23) 2. El ministerio de Pablo (1.24–2.5) 3. La nueva vida en Cristo (2.6–4.6) Epílogo: Salutaciones finales (4.7–18) El tema que nos ocupa se ubica en la tercera parte, "la nueva vida en Cristo" (2,6 al 4,6), instruye acerca de los valores del evangelio de la gracia espiritual y libertad. En Cristo «habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad» (2,9), y en él alcanzan los creyentes su propia plenitud (2,10–15); en consecuencia, deben abandonar actitudes y preceptos que no concuerdan con la nueva vida en Cristo (2.13–17; 20–22), y buscar «las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios» (3,1). Esa nueva vida ha de ajustarse a los principios de la nueva humanidad creada en Cristo (3,10): tanto en lo estrictamente personal (3.5, 8–9) como en lo que afecta a la convivencia en la iglesia, en la familia, entre las amistades o en el trabajo (3,5–4.1). El evangelio proclama la superación en Cristo de todo lo que conduce a establecer diferencias hostiles entre persona y persona, porque Cristo «es el todo y en todos» (3,11). En consecuencia, aquellos a quienes Dios ha querido escoger tienen el deber inexcusable de vivir en recíproca disposición de humildad, perdón, paz y "amor, que es el vínculo perfecto" (3, 12–14). Subrayamos el contenido de 2, 13-23 debido a que en el mismo se encuentra la médula de nuestra reflexión; la palabra profética tiene una doble modalidad: es palabra de Dios para los colosenses y es palabra de Dios para los cristianos de todos los tiempos, por lo tanto, del texto desprendemos dos lecciones propiamente libertarias: .- "Por tanto, que nadie los venga a criticar por lo que comen o beben, por no respetar fiestas, lunas nuevas o el día sábado. Tales cosas no eran más que sombras, mientras que lo real es la persona de Cristo" .-"No permitan que se lo quite quienes vienen con una religión muy temerosa y que sirven a los ángeles. En realidad sólo hacen caso de sus propias visiones y se inflan con sus propios pensamientos" Nociones libertarias de los ritualismos judíos del pasado, pero también es profetismo en estado puro para los cristianos de hoy, quienes no atendiendo a la raíz de la Palabra divina se sumergen en infinidades de pensamientos selectivos, donde sólo sobreviven los criterios personales por encima del verdadero deseo de libertad espiritual que propone Cristo. Consultas: Biblia de Jerusalén, Desclée de Brouwer, 1997. Pablo de Tarso, wikipedia.

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